Chechu Bonelli, sobre su romance con Darío Cvitanich: “La apuesta de este amor fue a todo o nada”

Miércoles 31 de mayo del 2017 - 4:23 pm
Tras cinco años viviendo en el exterior, la modelo y el futbolista regresaron para instalarse en la Argentina con sus dos hijas

No hubo tiempo para las dudas. A ocho meses de conocerse, Chechu Bonelliy el entonces delantero de Boca Juniors Darío Cvitanich tuvieron que tomar decisiones. El préstamo del jugador había terminado y él tenía que volver a entrenar con el Ajax holandés, el equipo dueño de su pase. La modelo y notera de Fútbol para todos se jugó por amor y viajó a Europa con él, dejando atrás un excelente momento en su carrera. El tiempo le dio la razón y después de haber vivido en Holanda, Francia, México y los Estados Unidos, regresaron al país como una pareja consolidada con dos hijas, Lupe de 4 años y Carmela de uno. El futbolista ahora forma parte de Banfield mientras ella se prepara para lucirse en la pista de baile más polémica de la televisión argentina, ” Bailando por un sueño 2017″.

-¿Cómo te conquistó Darío?

-Al principio me mandó un mensaje, me dijo que me quería conocer y yo fui algo prejuiciosa porque había tenido mis relaciones con deportistas y la verdad que no habían evolucionado demasiado ni me habían dejado lindas experiencias, pero algo me atraía y al día siguiente de un viaje con amigas acepté. Al poco tiempo, vi que él era distinto y aposté por la relación. Valió la pena porque hoy estamos casados, con dos niñas hermosas, él es un super papá, un super marido, es re compañero, me apoya en mi carrera, es un hijo increíble, mi papá lo adora y a veces lo defiende más que a mí, es excelente en todos los roles. Pero cuando se dio la convivencia y enseguida la vida nos puso a prueba jugamos a todo o nada. No fue fácil, pero hoy tengo la vida que siempre soñé. Mi propio cuento de hadas.

Beso a beso. En Instagram, Chechu le dedica románticas mensajes a su amado.

-¿Cómo fue irte y cambiar de vida en un instante?

-No es todo tan idílico como se ve de afuera, yo me fui convencidísima de que quería acompañar a Darío, estar a su lado y apostar a una familia juntos, pero no fue sencillo. Pasé de estar en el mejor momento de mi carrera, donde empezaba a recibir el reconocimiento de mi trabajo y empezaban a pasarme cosas como cubrir la final de la Copa Libertadores, viajar a la Sudamericana, cubrir la Copa América y, bueno, el objetivo era un poco el Mundial y cuando apareció Darío… me enamoré, lo seguí y el contraste fue enorme, no te voy a mentir. Pasé al anonimato total en un país que no conocía ni hablaba el idioma, a estar embarazada lejos de todo, fue duro. Pensé en volver, pero aguanté y logré adaptarme, ya el segundo año fue totalmente distinto, había hecho amigos, nació mi hija, yo ya hablaba francés. Y el amor pudo más.

-Se escucha poco el lado B de ser la esposa de un futbolista…

-Nadie sabe lo que una pasa sencillamente porque nadie está en los zapatos del otro, no hay que juzgar, aunque es lo más fácil. Ser la mujer de un jugador es vivir arriba de un avión, no estar el fin de semana con tu marido, si se enferman los chicos arreglártelas sola con el idioma que te toque, según el país en el que estás, lejos de tu familia, de tus amigos, cambiar de colegio, de casa, de clima, de barrio. Es una vida nómade.

-¿Cómo toman este tipo de vida las niñas de la casa, Lupe y Carmela?

-Bueno, Carmela es muy chiquita, nació acá y no va al jardín todavía. Lupe nació en Niza, fue al jardín por primera vez allá, cambió el francés por el castellano de México y luego por el inglés de Miami, vivió las mudanzas… Los niños se adaptan a todo, pero no es una vida muy normal. Es distinta, tiene sus pros y sus contra. A mí me gusta estar, dedicarme a ellas, poner el cuerpo, mi familia es mi prioridad e igualmente aclaro que tampoco me iría a vivir a cualquier lado. Las decisiones se toman en familia. Ha surgido la posibilidad de ir a Arabia Saudita y fue un rotundo no de mi parte. Las mujeres allá no pueden salir solas ni mostrar el pelo, tengo mis límites.

Chechu Bonelli y su bailarín, Facundo Insúa, para la pista de Marcelo Tinelli.

-¿Estás lista para volver a partir cuando haga falta?

-Elegí esta vida, esta familia y este amor y lo sigo hasta el fin del mundo.

-¿Cómo es estar preparándose para “Bailando por un sueño”?

-Lupe me pregunta todos los días, está más ansiosa que yo. Allá veíamos el programa y si me ve vestida de gimnasia empieza a rogarme que la lleve a los ensayos.

-¿Por qué aceptaste esta propuesta?

-La del certamen fue una decisión media complicada porque si bien yo en 2010 había participado, era muy chica y contaba con una cantidad de tiempo que hoy no tengo. Fue un mes de idas y vueltas, lo hablaba con Darío, lo analizaba con mis representantes y, bueno, finalmente acepté. Vamos a ver. Yo soy muy responsable, lo tomo con seriedad y quiero dar lo mejor de mí, lo cual implica un cansancio físico tremendo. Así que es llegar a casa y sacar energía de donde no hay para las chicas y mi marido.

Hoy tuvimos una linda visita en nuestro ensayo para el #bailando2017💃🕺 #Lupita @facuinsua

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-¿Darío qué opina?

-Tiene el miedo de cualquier persona fuera del ambiente que no sabe cómo es el certamen y lo vive como espectador. Le da un poco de susto el lío mediático, la exposición, pero también me conoce y confía en mí, me dice que le dé para adelante. Soy yo la que sabré poner el límite en caso de lo que haga falta.

-¿Cómo te preparás para todo lo que implica el show que no tiene que ver con el baile, la exposición mediática, la lucha de egos, etc?

-No estoy preparada. Creo que cada uno lleva a la pista lo que es. Mi perfil es totalmente ajeno a los escándalos, las peleas y demás. Yo voy a bailar, a pasarla bien. Trataré de aportar otra cosa al show que no sea eso. Cuando la esté pasando mal o vea mal a mi familia daré un paso al costado, por supuesto no es la idea. Creo que se puede llegar lejos sin tener que resignar nada de lo que uno es.

-¿Dejás de lado la idea de buscar el varón, entre esta vida nómade y, ahora, llena de ensayos?

-[Risas] Estamos muy bien así, aunque a veces lo fantaseo. En los días en que estoy agotada imagino que si tuviera un tercero enloquezco, creo que cerré fábrica… pero no puedo asegurarlo 100 por ciento.

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